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Meditación
Mi propuesta de Año Nuevo es aprender a meditar. Siempre me ha interesado, y he pensado que lo debería de hacer, pero no sé como. Mis amigos que lo hacen dicen que es brillante. Dicen que no puedes conocer la paz/conciencia/satisfacción hasta que lo hagas. Mi cerebro me vuelve loca. Voy a empezar. Mañana. Les pedí a tres increíbles personas que nos dieran la información para llegar a esta dicha. Los programas son diferentes pero creo que básicamente llegan al mismo lugar. Creo que lo entiendo.
Love,
De Mark Epstein, Dr.:
“Somos lo que pensamos, habiéndonos convertido en lo que pensamos,” empieza la colección de verso titulado el Dhammapada, el mas accesible de los antiguos textos Budistas. El énfasis en el estado de nuestras mentes es una de las características que distinguen el enfoque Budista. La mente es el problema y la solución. No esta fija sino que es flexible. Puede cambiar. Pero la mayoría del tiempo no estamos concientes de lo que estamos pensando ni mucho menos en control de ello. La mente cotidiana sigue sola y a menudo estamos a la merced de nuestras reacciones inmediatas. Si alguien se nos mete en el tráfico o nos mira con agresión, nos enojamos. Si bebemos, queremos mas. Si comemos algo dulce, queremos mas hasta cuando ya estemos satisfechos. Si alguien nos ofende, lo repetimos y repetimos en nuestra mente, abriendo la herida. El Dhammapada se deleita en describir que tan fuera de control pueden estar nuestras mentes y lo bien que se siente poder hacer algo sobre ello. “Como un arquero con su flecha, el sabio sujeta y tranquiliza su mente temblante, un arma inquieta e inconstante. Aleteando como un pez sobre tierra, tiembla todo el día,” comenta. El Buda era mas como un terapeuta que como el fundador de una religión. Entendía, aprendiendo de su propia experiencia, que el conocimiento propio hace que el dominio propio sea posible. Si queremos cambiar, tenemos que cambiar la manera en que pensamos. “Una mente disciplinada es la ruta al Nirvana,” es el refrán insistente del Dhammapada.
No hay ninguna palabra sola para meditación en el idioma original del Budismo. La mas cercana es una que se traduce a “desarrollo mental.” La meditación, como la enseño Buda, era una manera de domar la mente trayendo una variedad de pensamientos, sentimientos y sensaciones hacia la conciencia, haciendo lo inconsciente, consciente. Existían ya varias formas de meditación practicadas en la época del Buda pero todas eran técnicas de concentración. Buda las dominó todas pero se sentía todavía inquieto. Estaba bien concentrarse en un solo objeto: un sonido (mantra), una sensación (la respiración), una imagen (la flama de una vela), un sentimiento (amor o compasión), o una idea. Esto le prestaba fuerza a la mente, una sensación de estabilidad, de paz y tranquilidad, lo que Freud le decía la ‘sensación oceánica’. Aunque esto podía ser relajante, no era suficiente para cambiar la mente. Buda buscaba algo mas.
La meditación que el Buda encontró más útil fue la conciencia de momento-a-momento de lo que nos pasa en momentos sucesivos de percepción. Esto no quería decir descansar la mente en un solo objeto, como le habían ensenado, sino observando la mente en acción. Los seres humanos tienen la habilidad peculiar de ser auto-reflexivos, poderse observar hasta cuando están en proceso. El método del Buda aprovecha esta habilidad y la desarrolla. Los Budistas tibetanos describen este tipo de meditación como el establecimiento de una conciencia-espía en un rincón de la mente, escuchando a escondidas todo lo que pasa por ahí. Freud describió algo similar cuando mandó que los psiquiatras no juzgaran y que dieran atención imparcial a todo lo que se puede observar. El Buda sabia que la mente, cuando sujetada a este conocimiento de si misma, se calma y empieza a brillar.
Para experimentar un poco con dicha luminosidad, trata de sentarte quietamente manteniendo una postura vertical. Puede ser en una silla ó en un sofá ó con los pies cruzados en el piso. Mantén tu espalda recta. O acuéstate si prefieres. Deja que tus ojos se cierren ligeramente. Y solo escucha. Escucha los sonidos y el silencio en tu entorno. Deja que los sonidos vengan y se vayan sin escoger uno sobre el otro. Trata de escuchar el sonido entero, notando cuando tu mente identifica los sonidos por lo que son: el claxon de un coche, el refrigerador, la calefacción, las voces de niños, el perro, o nada. No dejes que la identificación del sonido te prevenga de escuchar. Simplemente nota el pensamiento y regresa a los sonidos puros, al acto de escuchar. Si tu mente pasea, como lo hará, regresa tu atención a los sonidos. Puede que sea después de algunos momentos, o después de una cascada de pensamientos. No importa. En algún momento te darás cuenta que, “No estoy escuchando, estoy pensando,” y en ese momento puedes regresar tu atención a los sonido. Trata a tu mente como un niño pequeño. Se delicado pero firme. La meditación implica regresando tu mente a su lugar cuando se ha ido a pasear. Notarás que por instinto preferirás algunos sonidos sobre otros – no dejes que esto influya en lo que escuchas. Escucha todo, como escucharías música.
Después de cinco minutos, o diez, o quince – no importa – abre los ojos y resume tu día. Como un pez regresado al agua, notaras que las cosas fluyen con facilidad.
Mark Epstein es el autor de un numero de libros sobre la influencia del Budismo sobre la psicoterapia incluyendo Thoughts without a Thinker, Going to Pieces without Falling Apart y Psychotherapy without the Self.
De Eddie Stern:
La Meditación de Amor y Amabilidad
Así como las dunas del desierto se queman en el calor del sol de la tarde y se siente fría la arena durante la noche fresca, nuestras mentes reflejan las influencias en nuestro entorno. Lo que pensamos, la gente con la que pasamos el tiempo, y los medios que absorbemos todos contribuyen a la calidad de nuestras mentes. El propósito de la meditación es de enfocar la mente e identificar todo lo que es inestable. Muchas veces el titubeo de nuestra mente se atribuye a nuestros hábitos, pues los hábitos le dan alas a la mente. Empezar la practica de meditación es añadir un habito a nuestras vidas cuya substancia es claridad, perspicacia, amabilidad – un espacio libre de juicio.
Los yoghis de la India nos han enseñado que la meditación trae brillo y claridad a la mente. Sin ella, la meditación queda nublada con el flujo mental, que empañan la manera en que percibimos nuestro entorno. Los yoghis explican que el flujo mental tiene 6 categorías, representadas por 6 venenos: el deseo, la envidia, el enojo, la falsa ilusión, el orgullo y la envidia. Los poseemos todos en algún grado, pero en general solo uno o dos son verdaderos obstáculos, y actúan como nuestras reacciones más comunes a situaciones difíciles. Con la meditación, nuestros venenos empiezan a derretirse cuando las enfrentamos no con fuerza sino con amabilidad, delicadeza y amor. Cuando hacemos esto, su control sobre nosotros aflojará.
¿Cuáles son las maneras en que los 6 venenos se manifiestan en nuestro comportamiento? Muchas veces sentimos envidia por los éxitos de los demás, o nos deleitamos al ver sufrir a aquellos que percibimos como nuestros enemigos. La gente virtuosa nos puede encelar, y los que se portan con virtud y moral – o hasta con morales diferentes a los nuestros – nos causan sentimientos de enojo e indignación. Estos pensamientos previenen que la mente atenga concentración y tranquilidad. Permanecemos sentenciosos y nuestros sentimientos de superioridad nos separan de la realidad - que somos todos seres con defectos.
Estos patrones de pensamiento se pueden reversar, sin embargo, cuando dirigimos sentimientos genuinos de amistad hacia los que son felices, compasión hacia los que estén preocupados. Hacia los que actúan con virtud, podemos dirigir sentimientos de buena voluntad y alegría. Hacia los que actúan sin morales, podemos cultivar una indiferencia benévola, ignorando sus faltas. Esto nos ayudará a obtener un estado de mente tranquilo. No es simplemente el pensamiento positivo, pero el restringimiento de la mente de permanecer concentrado en los logros y debilidades percibidas de los demás; es el comienzo del proceso de no juzgarnos a nosotros mismos y a los demás – en crear amabilidad.
El método es sencillo: siéntate en un lugar callado, cómodo - ó en una silla ó en el piso. Respira lentamente, inhalando y exhalando suavemente y con calma. Entonces repite la próxima formula:
- Que sea yo feliz.
- Que sea yo libre del miedo.
- Que sea yo libre de tristeza.
- Que sea yo libre de sufrimiento.
Repite esto tres veces. Después, repite lo mismo, pero reemplaza el “yo” con el nombre con el de alguien que amas o quieres mucho. Después, usa el nombre de alguien que percibes como un enemigo, o alguien con el que tienes problemas, y finalmente con el de alguien que te tiene a ti sentimientos de enemistad. Finalmente, extiende la meditación hacia el mundo entero.
Las palabras se deben repetir con una concentración suave y genuina; debemos sentir que la persona con la que meditamos esta aquí con nosotros. Esto contribuye a nuestra transformación. No estamos repitiendo frases vacías, pero verdaderamente rezando, y formando una intención.
Cuando deseamos por la felicidad de otros, para que sean libres del miedo y de la tristeza, la manera en la que nos relacionamos con ellos cambia. Derepente, ya no están en oposición a nosotros, pero son seres humanos como nosotros asaltados por las dificultades de la vida. Esta práctica es la semilla del conocimiento para dejar de juzgar a los demás. Este estado de paz con los demás es un punto neutral, es el fulcro por donde se calman los venenos, y las calidades como la compasión y el entendimiento pueden empezar a fluir.
Intenta esta meditación por algunos minutos mientras sentado, una o dos veces al día; inténtalo cuando estas con la persona que te enoja, te cause miedo o envidia; inténtalo cuando estas con la persona que amas; inténtalo en el metro. Encontraras que cambiarán los sentimientos que tienes hacia los sujetos de tu meditación, y tu habilidad de relacionarte con ellos. De eso sale una sensación de estar firmes, de estar en paz y en calma.
Cuando, en nuestra vida y en nuestras circunstancias, llegamos a ver que no es posible cambiar el mundo, aprendemos que de alguna manera, debemos cambiarnos. Asombrosamente, cuando cambiamos nuestra percepción interna, el mundo cambia con nosotros.
Nota:
Es importante buscar un maestro de meditación profesional como guía para llegar a niveles mas profundos de la práctica.
Eddie Stern es fundador y director de Ashtanga Yoga New York en Manhattan.
De David Lynch:
Porque Medito
Cuando primero escuché de la meditación, no tuve ningún interés en él. No tenia ni la mas minima curiosidad. A mi me parecía una perdida de tiempo.
Lo que finalmente me interesó fue la frase “la felicidad verdadera se encuentra adentro.” Al principio, se me hacia un poco mala pues no te indica donde es ese “adentro,” ni como llegar. Pero, de todos modos, tenia semillas de la verdad. Y empecé a pensar que talvez la meditación era la manera para llegar adentro.
Investigué la meditación, hice preguntas y contemplé diferentes formas. En ese momento, llamó mi hermana y me contó que había estado haciendo Meditación Transcendental por seis meses. Había algo en su voz. Un cambio. Una calidad de felicidad. Y pensé, “Eso es lo que yo quiero.”
En Julio de 1973, fui al centro de TM de Los Ángeles y conocí una instructora y me gustó. parecía Doris Day. Y me enseñó la técnica. Me dio una mantra – un sonido-vibración-pensamiento. No tienes que meditar sobre su significado, pero es muy especifico.
Me llevó a un cuarto pequeño para hacer mi primera meditación. Me senté, cerré los ojos, y empecé con mi mantra – el sonido-vibración-pensamiento – y fue como si estuviera en un elevador y habían cortado el cable. Pas! Caí en dicha, pura dicha. Y simplemente estaba allí adentro. Y luego dijo la maestra, “Es hora de salir, ya pasaron veinte minutos.” Y yo dije, “i¿YA PASARON VEINTE MINUTOS?!” Y ella dijo “iShhh!” porque habían otros meditando. Se me hacia tan familiar pero también tan nuevo y poderoso. Después de eso, dije que la palabra “única” se debe reservar para esta experiencia.
Te lleva a un océano de pura conciencia, puro conocimiento. Pero es familiar, eres tu. Y, rápidamente, un sentido de felicidad emerge – no es felicidad torpe, es una felicidad plena.
Nunca me he perdido una meditación en 36 años. Medito una vez en la mañana y una vez en la tarde, por 20 minutos cada vez. Después, hago mi trabajo del día. Y encuentro que la felicidad de hacer solo crece. La intuición crece. El placer de la vida cotidiana crece. Y la negatividad diminuye.
Puedes meditar en todos lados. Puedes meditar en el aeropuerto, en el trabajo, en cualquier lugar.
Cuando añades esto a tu rutina diurna, entra con mucha naturalidad.
Quiero enfatizar que la meditación no es egoísta. Aunque estés entrando en tu Ser, no te estas cerrando al mundo. Te estas fortaleciendo para que puedas ser mas efectivo cuando regreses al mundo.
Así que la compasión, apreciación hacia los demás, y la capacidad de ayudar a los demás se mejora cuando meditas. Empiezas a bucear y experimentar con el amor y la pura paz – se podría decir pura compasión. Experimentas con eso, y lo aprendes siéndolo. Después, sales al mundo, y verdaderamente puedes hacer algo por los demás.
Hace cuatro años, empezamos el David Lynch Foundation for Consciousness-Based Education and World Peace por la compasión. Nuestra meta era asegurar que los niños de todo el mundo pudieran aprender a meditar y tendrían un espacio para hacerlo. Desde ese entonces, hemos ofrecido programas de “Quiet Time” a estudiantes de alto-riesgo en cienes de escuelas y en 30 países, pero tambien a adultos de alto riesgo en prisiones, centros para los que no tienen hogar, y hospitales – a soldados que regresan de Irak y Afganistán con “post-traumatic stress disorder” y a amerindios que sufren de diabetes y problemas cardiacos.
La habilidad de transcender – de entrar adentro de ti mismo y bucear en un océano de energía, inteligencia y felicidad – es el derecho de todos los seres humanos. Si quieres ser experto en cualquier cosa en esta vida, se necesita un maestro de alta calidad. Es lo mismo con la meditación. Y es por eso que la Meditación Transcendental se enseña a nivel personal con un maestro entrenado – no se aprende por medio de un libro o por audio. Mi percepción es que si vas a tomar 20 minutos de tu horario todos los días para meditar, vale la pena saber que lo estés haciendo bien.
Te invito a escribirme con cualquier pregunta que tengas sobre la meditación a info@DavidLynchFoundation.org. Yo responderé personalmente. (Tambien puedes visitar www.DavidLynchFoundation.org o www.TM.org.)
Paz.
David Lynch, 64, es director de cine, pintor, fotógrafo, escultor, músico, carpintero, fundador y presidente de the David Lynch Foundation for Consciousness-Based Education and World Peace. Es notable por la serie de TV, Twin Peaks y por muchas películas incluyendo Wild at Heart y Mulholland Drive.
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